Llevamos un largo periodo metidos en esta letanía materialista. Más tiempo aun, dejándonos arrebatar los sueños para ser suplantados por otros. Nos dejamos influenciar por tendencias, gustos y glamour para sentirnos estrellas por un día, como si eso suplantara el vacío de una vida material.
Arrastramos la existencia hacia la esclavitud a cambio de unas migajas en un mundo que no nos pertenece, aunque sí debiera hacerlo. Parcelamos la vida pensando que somos dueños de algo, cuando en verdad somos esclavos de unos amos que no conocemos.
Creemos vivir en una sociedad justa y con valores, dando por hecho que la realidad mediática es completamente cierta. Asentimos ante grandes medios adorándolos como al mesías, esperando la llegada del nuevo Dios: nuestro querido dinero. Aquél que hace las delicias de cualquier deseo inmediato, regalándonos esa efímera felicidad que nunca llegaremos a digerir.
Aceptamos que depositar un voto cada cuatro años sea una forma de representación apta para expresar lo que pensamos, e impasivos, asistimos a esta función pensado que no va con nosotros. Optamos por quedarnos al margen para mantener el pequeño status que el sistema totalitario mercantil nos ha ofrecido.
Somos esclavos de nuestros propios deseos, de nuestras propias elecciones, de nuestras ocultas decepciones. Nos agarramos al primer rayo de luz sin observar que más allá despierta el día, aunque en principio pueda cegar y asustar un poco.
Insatisfechos con la vida que nos toca vivir, proyectamos nuestras frustraciones al mundo que nos rodea, sin percatarnos si quiera, que deberíamos mirar más adentro de nosotros mismos. Lidiar con nuestros temores y enfrentarnos a la hipocresía de este sistema socio-económico es una cuestión prioritaria. Nosotros hacemos posible que esta injusticia siga adelante, nosotros tenemos la fuerza para poder cambiarlo.
En nuestras manos queda el peso del devenir futuro. En nuestras mentes está la posibilidad de despertar a una realidad evidente que nunca hemos querido ver. Ante nuestros ojos está una nueva oportunidad, una más, para replantear el paradigma por completo, aunque en una primera instancia pueda devenir el caos. Lo resultante, si nos preparamos, seguro que mejorará lo presente.
Igual que la colisión de dos galaxias nos resulta bella a la vista, sin tan siquiera pensar en el caos resultante de la misma, esta situación se plantea de forma similar. Aunque nos resulte duro pensar en una ruptura con el sistema y sus formas, es absolutamente necesario un replanteamiento del paradigma socio-económico actual, e intentar vivir en armonía con nuestro entorno, con nosotros mismos y con nuestro planeta.






